¡AGUA VA!

Ocurría en la antigüedad que las condiciones de salud y habitabilidad de las viviendas no eran todo lo avanzadas que tenían que ser. Los romanos llegaron a disfrutar de agua corriente en muchas de sus viviendas. También los habitantes de Al-Andalus supieron manejar el agua con arte… pero llegaron las mesnadas de bárbaros del norte con su afán de conquistar otros territorios y la limpieza, y consecuentemente la salud, se vio bastante comprometida.

Es curioso y en gran medida lamentable que por aquellos años de la edad media no se hubieran dedicado estos caballeretes a profundizar en su independencia y dejarse de crear una nación como España con lo bien que, por aquellos entonces, deberían de vivir en sus reinos con sus RHs y sus lenguas autóctonas sin que “el estado opresor central les robase” (Arturito Mas dixit).

Pues una vez cometida la felonía por Vascos, Catalanes, Gallegos y Castellanos de invadir estas tierras, se produjo un fuerte retroceso en sabiduría y costumbres. El agua se alejó de las casas como la razón se aleja del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (pero no desvariemos por este camino, ya le daremos palos al burro) y muchos de los adelantos urbanos desaparecieron.

Pero como las necesidades del personal seguían existiendo se tuvieron que buscar alternativas y hete aquí que en el tema del aseo personal no tuvieron más luces que indicar a los habitantes de pueblos y ciudades que, puesto que se había desmontado la red de alcantarillas o no se había construido, procurasen deshacerse de las aguas fecales de cubos, bacinas y orinales por el expedito medio de lanzarlas por la ventana de la calle acompañado el acto por el estertóreo grito de: “AGUA VA”.

Han pasado muchos años, no ha llovido todo lo que hubiésemos querido y muchos adelantos han llegado a nuestros domicilios. Pero en algunas cosas seguimos como los bárbaros. Ahora que los meteorólogos anuncian una semana con lluvias me he acordado de la costumbre anteriormente descrita.

Yo no sé si los concejales encargados de la Ordenación Urbana y los alcaldes al mando son descendientes de los “conquistadores” pero sí puedo asegurar que se han comportado como ellos en cuestión de vertidos de aguas a la calle. Y si no me creen les voy a poner un ejemplo.

Por diversos motivos diariamente transito por las calles Jacinto Benavente y San Isidro de Pozoblanco. Los días en los que el sol brilla y si uno va solo el camino no es excesivamente incómodo. Pero los días de Júpiter tronante decide desatar su furia…

Si un día de lluvia, como los que se esperan, uno comienza a subir por Jacinto Benavente experimentará un viaje alucinante. Como suele ser habitual cuando el tiempo se pone en aguas, el tráfico aumenta exponencialmente, lo que provoca al peatón la necesidad de caminar por la acera. Pónganse en autos: Uno va con su paraguas, andando por la acera y de repente comienza a experimentar la húmeda sensación de que lleva el calzado lleno de agua.

Lavapiés

Efectivamente, los tubos de bajada de los canalones no llegan hasta el final y a una altura de una cuarta suelta todo su contenido. En principio no debería ser mayor problema. Llegar con los pies mojados entra dentro del guion. Pero la cosa se complica. A medida que se asciende los tubos de desagüe también lo hacen con lo que el agua de los tejados empiezan a verterla a la altura de la pantorrilla.

Cintura

Más adelante, comenzamos a tener serias humedades en zonas más sensibles ya que los desagües nos alcanzan a la cintura.

Cintura2

Y así en progresión llegamos hasta el mismísimo cuello donde un abundante chorro de agua sucia nos despertará aquellos días en los que el sueño quiera hacernos mella.

Pero no hay mal que cien años dure. Si hemos sido capaces de llegar casi a la Avenida Villanueva de Córdoba y los vehículos que suben la calle no nos han rociado al pasar a nuestro lado… nos espera un último regalo: Dos magníficas gárgolas nos observan desde las alturas para bautizarnos con un generoso chorro de agua y dejarnos totalmente calados hasta los huesos.

Gárgola

Dependiendo de la abundancia de precipitaciones hay veces que llegaremos con más agua en los bolsillos que la que tiene la fuente que se encuentra al final de la calle.

Alguno pensará que exagero. Ahora que vienen las lluvias compruébenlo. Y luego, si está de su gusto, acuérdense escatológicamente de los antepasados de los concejales encargados de la regulación urbanística por permitir un TUNEL DE LAVADO gratis y al aire libre. Y si no piensan en corregirlo… pues ya podrían, al menos,  ponerlo con agua caliente.

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