La Reina Mora de La Alcaicería

Viajar tiene la cualidad de mostrarnos otros modos y otras formas de vivir que, en la mayoría de los casos, nos enriquecen sobre manera y nos elimina el efecto casposo que “un mirarse el ombligo” nos puede provocar en nuestra forma de ser.

Recientemente estuve en Granada, buscando los vestigios del antiguo Reino Nazarí y visitando, después de numerosas e infructuosas tentativas, la Alhambra.

Sumidos en pleno debate sobre la idoneidad de la peatonalización de la Calle Mayor de Pozoblanco, pudimos disfrutar de todo un centro monumental de una ciudad de más de 200.000 habitantes completamente cortado al tráfico rodado.

Aparcamos el coche un jueves por la tarde y lo recogimos un domingo por la mañana después de visitar casi todos los monumentos sin habernos subido en ningún vehículo y tras haber realizado las compras de rigor.

Pero hoy no tengo ganas de hablar más de nuestra “dichosa” calle.

Hoy quiero desmontar un mito o “etiqueta” muy conocida sobre la gente de Granada. Y quiero desmontar una desmerecida fama personalizándolo en una granaína y en su trabajo.

Les pongo en autos:

Como apasionado del arte del belenismo deambulaba por la proximidad de la Catedral de Granada buscando una tienda que había conocido por la web y en la que había adquirido mis figuras del belén de la marca Landi. La tienda en cuestión es La Alcaicería ( www.alcaiceria.com ), sitio de obligada visita para todo aquel que en estos momentos esté ya disfrutando con el montaje navideño.

landi

Al fondo de una estrecha calle pude vislumbrar los escaparates del establecimiento donde se exhibían multitud de figuras de variados autores (Granadinos, Murcianos, Italianos, etc)  realizadas en diferentes materiales y acabados. La tienda, tanto por el entorno, como por las formas y mercaderías parece un bazar oriental. Pero el verdadero embrujo se encontraba dentro. Nos estamos acostumbrando, cada vez más, a realizar nuestras compras por internet, desde la comodidad del sofá de nuestra casa, sin agobios, dándoles todas las vueltas posibles al catálogo. Y algunas veces, como en el caso de La Alcaicería, perdemos por no visitar físicamente el establecimiento.

Una vez dentro, tuvimos la suerte de conocer a Mayte que desterró de un plumazo el dicho de que los granadinos son “esaboríos”. La venta no consiste sólo en tener buen género y a buen precio. Si a esto lo acompañas con la presencia de la profesionalidad, el conocimiento, la atención y el cariño de Mayte tu belén se enriquece de manera notable.

Al salir del establecimiento, comentábamos las vueltas que dábamos en Pozoblanco al tema comercial de la calle Mayor cuando la receta estará seguro en aunar la modernidad de la red con el trato antiguo y exquisito de la atención al público en el local.

Si quieren un consejo: No dejen de visitar Granada. Piérdanse por sus callejuelas y no se vengan sin conocer a la Reina Mora de la Alcaicería. ¡Gracias Mayte!

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